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DIEGO MOYA, RESCATANDO LA UTOPÍA

A estas alturas de la película en la que muchos y muchas están de vuelta de todo y donde sólo el guión de la serie de culto de la temporada puede ofrecer alguna sorpresa, el mundo del arte puede presumir de aportar un soplo de aire fresco y revitalizante. Una generación de artistas está volviendo a mostrar su obra para perturbar las mentes de descreídos y nihilistas. Hablamos con el artista Diego Moya sobre las herramientas presentes que pueden construir un futuro mejor.

¿Cuál es tu valoración de los medios de comunicación tradicionales en la actualidad?

La crisis del periodismo es algo proverbial y seguramente una de las cosas más tristes que han sucedido en los últimos treinta años. El periodismo se ha prostituido completamente. Y para muchos generacionalmente, el periodismo fue un elemento salvífico, porque fueron los que se comprometieron en la lucha contra la dictadura. Generaron un mundo diferente, más progresista y nuevo. Por eso, la defección de todos esos medios ha sido muy dolorosa.

¿Confías en los medios que han surgido, concretamente los digitales?

Evidentemente y afortunadamente. Porque yo no soy nada derrotista. La humanidad está pasando por una crisis muy fuerte y hay valores de recambio por fortuna. Pero, aunque no tienen el poder, hoy en día, a través de internet, ya se están creando muchos medios alternativos.

"Tubo de luz"

«Tubo de luz»

¿Cuál es entonces tu relación con internet?

Internet está empezando. Pero está aportando grandes cantidades de optimismo y posibilidades a todo. Incluso a un cambio espacio temporal. El espacio y el tiempo han cambiado realmente. Cuando llegó internet me pareció algo impresionante, porque siempre he trabajado con el espacio tiempo. Y ahora ya es real, no está en la imaginación creativa.

De hecho, desde los años setenta tú ya estabas barruntando este nuevo espacio.

Mi hija me decía desde pequeña que yo era de Andrómeda. Evidentemente yo siempre he tenido una sensibilidad muy especial para esto. A mi me ha pasado, y creo que a mucha gente de mi generación, que la realidad que hemos vivido y la que vemos en general no nos gusta. La sociedad, el mundo, es muy pobre, sin gracia. A mi siempre me ha gustado la matemática, la física, las astrofísica, el cosmos. Sentirme perteneciente a otra cosa, mucho más grande que nosotros. Y eso es lo que me da esperanza.

Internet está empezando. Pero está aportando grandes cantidades de optimismo y posibilidades a todo.

Mirando tu obra pienso que estaba hecha para hablar con la sociedad de internet esta época.

Cuando la desarrollé en su momento me pareció muy evidente. No iba de visionario. Para Manolo Ayllón, que era mi compañero de fatigas, y otros tampoco era extraño. Pensábamos que era una propuesta nueva, pero que venía dado por las condiciones en las que vivíamos entonces, como era el comienzo de la industrialización en este país y la necesidad de una racionalización de todos los procesos creativos y productivos.

"Caja de luz"

«Caja de luz»

¿Cómo valoras la situación de los artistas en la actualidad?

Estamos en un momento de confusión. Y en un momento así, todas las situaciones posibles se hacen difusas, se ven a través de la niebla. En nuestra generación había un gran optimismo. Creíamos que íbamos a cambiar el mundo, y que podíamos hacerlo. Había claridad. Caminábamos hacia modelos utópicos, incluso si quieres ingenuos. Y eso nos hizo avanzar mucho. Pero al final llegaron los palos y el cambio se quedó en una décima parte de lo que se podría haber hecho. Ahora la pérdida de valores es evidente. De hecho el término utopía está mal visto. Y la utopía es lo que el ser humano ha necesitado siempre para avanzar. Porque es el punto en el más allá de la realidad presente a alcanzar. Es una herramienta y no algo ingenuo. Y sin embargo, todos los relatos de la actualidad son distopías permanentes. Lo que nos lleva a una sociedad de usar y tirar. Por eso es importante que nos situemos en la distancia y nos demos cuenta de que todo es circunstancial y temporal. Incluso los valores que se manejan ahora son fruto del tiempo de destrucción que nos toca vivir, pero de ahí surgirá algo nuevo.

¿Qué herramientas utilizáis las personas que tenéis el optimismo como estimulante?

Yo trabajo intensamente. Y una de las actividades en pro de un mundo más equilibrado y mejor en la que me he involucrado ha sido montando una asociación cultural que se llama MED-OCC hace ya diecisiete años para hacer intercambios con el mundo árabe. Gracias a esta iniciativa salí de mi torre de marfil artística para implicarme en estos intercambios, también desde el punto de vista social y político. Mi tarea ha sido simplemente mover un magma que estaba muy quieto.

«El mito»

¿El ámbito digital os está ayudando a organizaros?

Nos manejamos muchísimo con internet. Sería imposible hacerlo de otra manera. Y así ha sido desde que empecé a trabajar en esta iniciativa en el año 99, que me comunicaba con los diferentes núcleos del Instituto Cervantes de Rabat, también con los de Egipto y con los artistas que nos íbamos encontrando y conociendo directamente por internet.
Es sublime cuando podemos contactar entre nosotros. Yo lo comparo con una secta exotérica. Porque el arte es uno de los caminos espirituales más imponentes. Una vez que se declaró la muerte de dios, los que hemos heredado la espiritualidad hemos sido los artistas.

La galería José de la Mano expone las obras de Diego Moya y cuatro artistas más en Geometría & Plexiglás [circa 1970] hasta el 28 de octubre en Madrid.

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